Herramientas para la ansiedad – 2n parte

En las entradas anteriores hemos ido conociendo la ansiedad. Hemos recorrido sus orígenes, la hemos diferenciado del miedo y del resto de nuestro abanico de emociones además de empezar a entender su principal función: permitir prepararnos y anticiparnos funcionalmente, adaptarnos a nuestro entorno pudiendo planificar opciones futuras. En esta entrada https://psicoviaterapia.com/herramientas-frente-a-la-ansiedad/ empezamos un viaje para ver como podemos relacionarnos con nuestra ansiedad de forma sana, convirtiéndola en nuestra aliada. Paso a paso vamos a ir construyendo nuestra maleta de herramientas para la ansiedad. La ansiedad en el cuerpo Hoy nos vamos a centrar en tu cuerpo. La ansiedad se encarga de hacer cambios en la forma como procesas la información y en tu cuerpo. En tu cuerpo va a provocar sensaciones como: Estos son algunos de los síntomas que puede provocar la ansiedad. Es tu respuesta de alerta y requiere que te pongas en movimiento, por lo que va a «encender todos los motores». Calmando el cuerpo Pero sabemos que no siempre nuestra ansiedad responde a situaciones de la alerta reales o donde podamos prepararnos más de lo que quizá ya hemos hecho. Imagínate frente a una entrevista, un examen, una fiesta, una reunión… Hay veces que ya no hay más para preparar. Aquí es importante darnos cuenta. El primer paso que comentamos en la entrada anterior de nuestro viaje de autoconocimiento. Una vez reconozco que es mi alarma de ansiedad y reconozco que no hay más preparación a hacer, aquí es donde puedo ayudarme comprendiendo los cambios que está haciendo en mi cuerpo. La ansiedad va a poner a activar nuestra vía simpática, una vía de nuestro sistema nervioso periférico que se encarga de promover nuestro sistema de lucha/huida corporal. Por eso, cuando reconocemos la ansiedad, uno de los primeros pasos que podemos hacer es notar cómo está nuestro cuerpo en ese momento. Notar los cambios: mi corazón latiendo más rápido, mi respiración agitándose, mis manos temblando/sudando…. Y, en ese instante, sin querer luchar con mi cuerpo, porque él esta haciendo justamente lo que piensa que debe hacer, enviar un mensaje alternativo. Un mensaje de calma. ¿Cómo? Con lo que tenemos más a mano y siempre disponible. Nuestra respiración. La respiración como puerta de entrada La próxima vez que te encuentres reconociendo la respuesta corporal de ansiedad, lleva la mano a tu pecho o tu abdomen, colócala ahí y, simplemente, nota las sensaciones que aparecen con la respiración. Nota como el aire entra y sale. Y como se va repitiendo ese ciclo, una y otra vez. Una y otra vez. No intentes modificarla. Solo permanece con tu respiración. Puede servir de ancla mental de la atención ir nombrando el momento en que coges aire (inspiro) y el momento en que lo sueltas (exhalo). Verás qué, al llevar la atención al cuerpo y permitir las sensaciones, paradójicamente, el cerebro recibe una señal diferente: no hay ninguna amenaza, podemos disminuir o apagar la alerta. Y, poco a poco, a través del cuerpo, la respuesta de ansiedad se irá calmando. Y tu con ella. Es importante tener claro que los síntomas que hemos comentado a nivel corporal también pueden deberse a otros motivos, por eso, antes de pensar que es ansiedad, es importante que revises con tu médico que no haya ninguna otra explicación a nivel orgánico.