Conociendo a tu ansiedad

El origen de tu ansiedad

Hoy vengo a hablarte de la ansiedad, pero antes, tenemos que ir a otro lugar. A otro lugar en el tiempo. 

Quiero que imagines lo siguiente. Tu y yo podemos viajar 300.000 mil años atrás. Nos encontramos en la sabana africana y se inicia la historia del Homo Sapiens, nuestra especie. 

¿Por qué me voy en un viaje en el tiempo? Dame un poco de tiempo y lo entenderás. Ese Homo Sapiens nace en un contexto donde su principal objetivo es sobrevivir. Pero, hay un pequeño inconveniente. No tiene las defensas de los otros animales. No tiene un cuerpo provisto de ninguna defensa. No cuenta con corazas, ni púas, ni garras ni dientes. Tampoco tiene veneno ni capacidad de mimetizarse con el ambiente. En conclusión, es un organismo completamente desprotegido. Excepto por un órgano que forma parte de su cuerpo, su cerebro. Es una defensa novedosa y única. 

Nuestro cerebro es quién, desde el inicio, nos permitió sobrevivir. No contamos con recursos para defenderse de ningún tipo. Únicamente nuestro cerebro para planificar y adaptarnos, pudiendo planificar a futuro recordando el pasado. Es una defensa única y maravillosa. Pero sí, también tiene sus costes. Esa misma capacidad de anticipar y adaptarse es la que hoy, en ciertas ocasiones, nos lleva a sentir ansiedad. 

Ansiedad en la sabana africana

Y aquí, tenemos que hacer otra pausa. Porque la ansiedad no es la ansiedad de la que vamos a hablar hoy. La ansiedad es una respuesta normal y funcional de nuestro cerebro. La misma que nos lleva protegiendo nada menos que 300.000 mil años. Frente a sentirnos sin recursos, cómo nos sentimos en esa sábana africana llena de depredadores con defensas mortales, la ansiedad nos permitió estar en alerta. Nos avisaba que había un peligro y necesitábamos prepararnos como solo el Homo Sapiens podía, planificando con los recursos de nuestro entorno, preparando armas o trampas que nos protegieran frente a ese león que nos acechaba. 

Pero como toda herramienta, también puede herir si no sé cómo funciona. Y ahí es donde aparece la ansiedad de la que hablaremos aquí. La ansiedad disfuncional o desadaptativa. Porque es una ansiedad que lejos de prepararnos mejor, lo que hace es provocar una respuesta tan intensa en nuestro organismo que nos paraliza o nos sobrepuerta, provocando que la anticipación no la podamos realizar o que nunca acabemos de planificar. Vamos a conocerla un poco más. 

Cuando la ansiedad paraliza

¿Has sentido alguna vez el corazón latiendo de forma acelerada? ¿Has notado que por tu mente aparecían muchos pensamientos, sin poder centrarte en ninguno? ¿Te has encontrado respirando como si acabaras de correr, cogiendo aire rápido y muchas veces, como si no pudieras coger de forma profunda? ¿O quizás has notado la presión en el pecho, como si te hubiera apretado alrededor del torso una prenda muy ajustada? También has podido sentir mareos, vértigo o náuseas. Incluso has podido necesitar usar un baño, si disponías de uno cercano. Esta es la respuesta de ansiedad. Si te dijera que la he tenido porque tenía una leona cazando seguramente me dirías que normal, ¿cómo no sentirme así en esa situación? Pero, ¿y si te digo que lo sentí frente a un examen? ¿O con una entrevista de trabajo o una presentación o al ir a una fiesta? Y te puedes imaginar que si me siento así, voy a querer no ir o irme de la situación. Bien, empezamos a conocer un poco más la ansiedad disfuncional. Es la respuesta de ansiedad que me bloquea de forma que no puedo llevar a cabo aquellas acciones que son importantes para mí. 

La ansiedad, como respuesta, actúa en el triple sistema de respuesta que tenemos. A nivel cognitivo, es decir, a nivel de lo que pensamos. Cambia la forma como interpretamos la situación, activando en nuestra mente todos los posibles escenarios de peligro que nos podemos encontrar. En el segundo nivel, en el fisiológico, activa cambios en nuestro cuerpo. Los cambios que hemos explicado arriba. Se encarga de poner el cuerpo alerta, lo que implica acelerar nuestra respiración, nuestro corazón, bloquear sistemas como la digestión o la sexualidad y tensar los músculos del cuerpo, entre algún que otro cambio. Y, en tercer lugar, en nuestra parte de conducta y acción, se encarga de provocar modificaciones en lo que queremos hacer. Ahora nuestras opciones de actuación se reducen, de forma que vamos a priorizar el salir de esa situación, lo que llamamos la evitación de la situación que está provocando la ansiedad. 

Hoy hemos presentado un poco más a la ansiedad. En el próximo post hablaremos de qué formas se pueden presentar y frente a qué, para ir descubriendo un poco más sobre cómo funciona nuestro cerebro, con el objetivo de descubrir al mismo tiempo cómo sentirnos mejor con él.

Otros artículos que pueden gustarte